¡GESTALT PARA LA VIDA!

La transformación y el cambio que la Gestalt le ha regalado a mi vida tiene muchas formas, significados y actualizaciones, me permite reconocer el sentido de la vida misma, dejar de escaparme de esta presencia y todo lo que con ella viene a mostrarme, donde ese “escaparme” se hace cada vez más difícil.

Recuerdo una de las primeras sesiones de clase, donde me preguntaron ¿cuál era mi superpoder?, a lo que respondí sin ninguna vacilación escaparme/evadir, ¿eres consciente de lo que acabas de decir?, me pregunté, en ese mismo instante supe que algo internamente se estaba empezando a mover, mis sensaciones internas se hicieron cada vez más intensas, el corazón empezó a latir cada vez más fuerte, empecé a sudar y a sonrojarme, esa respuesta organísmica de la sabiduría infinita de mi cuerpo me lo confirmó, entendí en mi propia carne el ciclo de la experiencia.

Entonces, empezaron a hacer parte mi poco a poco aquellas pautas lingüísticas de las que tanto hablan los Gestaltistas -ahora hago parte de ellos y se siente muy bien, se dibuja una sonrisa en mi rostro- “no te disculpes, quítale el cómo, no generalizar la experiencia, no juzgar ni etiquetar, responsabilízate y observa las proyecciones, evita los acercadeismos, no minimices, entre otros” en resumidas cuentas es, hazte cargo y responsabilízate de ti mismo, esto se sintió como un cimbronazo, pero el más fuerte e integrador para mí fue “escucha para entender, no para responder” y ahí me pillé, me descubrí, desde mis introyectos de vida donde siempre esperamos una respuesta rápida del otro, llegaron a mí aquellas memorias donde mi madre me decía “necesito una respuesta ya” o mis profes del colegio “señorita García ¿En qué año murió Simón Bolívar?” y mi mente simplemente me gritaba, decí algo, te están esperando, hablá… y con todas las dudas del mundo lanzaba una respuesta a la suerte y me entregaba a la experiencia de la pérdida o la ganancia, desafortunadamente pocas veces le atiné, pero afortunadamente con el tiempo logré descubrir que mucha de esta información que tanto se esmeran por enseñarnos en las instituciones educativas, poco las iba a necesitar en la práctica, pero igual toca esmerarse porque cuando no sabemos reconocer ni contactar con las emociones, las evitamos para no atravesar por experiencias vergonzosas, incómodas, angustiantes de la vida, entonces aprendimos que interrumpirnos era el mejor mecanismo de defensa para la supervivencia; de esta forma, fui aprendiendo a oír y no a escuchar, iba por la vida lanzando respuestas con poca consciencia para no atravesar la angustia del no saber. Pero que maravilloso fue descubrir esta herramienta tan poderosa como lo es la escucha noble y la presencia, pues a través de estas logro entender la experiencia que está compartiendo conmigo el otro y esto le regala bienestar en este campo respetuoso y compasivo que co-creamos juntos.

Ahora bien, quiero ahora nombrar lo que la incomodidad ha significado para mí antes y ahora. Antes la incomodidad era lo que tenía que evitar a toca costa, conversaciones, situaciones, personas, sentimientos, emociones, pero ahora logro verla como una gran maestra que me lleva a grandes aprendizajes y menos interrupciones, esto no quiere decir que no genere molestias, más bien, significa que ahora estoy dispuesta a contactar con la incomodidad y con todo lo que viene a mostrarme, para seguir creciendo, porque crecer es retador e incómodo, pero muy satisfactorio; entonces pasé de ser la que evita a la que confronta, ojalá fuera así en todo, pero sigo trabajando en esto, como el ser inacabado que soy, lo que me lleva también a recordar que he soltado ese idealismo o fantasía de la perfección o que de querer ser algo para encajar con ciertas personas, lugares, etc. se han caído algunas máscaras y me he liberado hasta de mi mismo juicio, para ser cada vez más genuina y auténtica ¡REGALAZO!

Pero para llegar a esto me ha tocado descubrir también la manera como me interrumpía en el contacto, no fue para nada fácil reconocer-me desde este lugar, como aquella evasora que se va, se pierde y vuelve para encontrarse, entonces empecé a comprender aquellas confluencias en mi vida en las que yo misma me perdía, sobre todo con mi familia y pareja, pero la creatividad hizo lo suyo y empezamos a hacer ajustes, luego entendí la proyección, benditos y maravillosos espejos que vienen a mostrarme lo que hay que seguir trabajando en esta casa -mi cuerpo y quien lo habita-, después me presentaron a los introyectos, aquellos que cuando los cuestionamos nos deja sin piso, si esos, ahí llegué a sentir que toda mi vida estaba basada en cuentos ficticios que me creí, pero lo bueno es que ya era y soy la adulta que puede hacerse cargo, lo que me hace reconocerme ahora como el ser con mayor maduración que cada vez menos necesita apoyarse del ambiente para sobrevivir, reconozco la importancia del otro en mi vida, pero también me reconozco desde la frontera pues esta me ayuda a no olvidarme del ser que soy, estoy siendo y estoy por ser, me llena de posibilidades para encontrar el balance o el ajuste que necesite en este presente.

Vuelvo a leer este texto, recordando el PISH y podría percibirse como un proceso hermoso y tal vez sencillo, pero de esto tiene muy poco, continúo acá con mis luchas en las que sigo descubriéndome, pues puedo reconocer que aún me cuesta salir de ciertos clichés, que me llevan a no resolver realmente algunas necesidades y pues aparece la angustia a traer su mensaje para ver si es atendida o la alieno; a veces, la atiendo movilizándome y apoyándome en el vacío fértil, donde aflora la creatividad y logro comprender las necesidades y cerrar la gestalt, las que NO, es porque me quedo en ese vacío estéril cómodo y común, donde aparece el impasse, observándome con una ceguera de la conciencia, “temporal”, pero como todo pasa y las emociones fluctúan, me doy el espacio para reconocer qué necesito -nuevamente le abro espacio al vacío- para que haga lo suyo, entonces recuerdo que la respiración me acompaña y me sostiene, dejo de implosionar y recurro a la explosión para lograr sentir el alivio que necesito, posteriormente llega la energía para continuar viviendo, disfrutando, aprendiendo y cambiando, es decir a llenarme de sentido y descubrimientos que solo puedo hacer en le presente, soltando las expectativas de un futuro que aún no llega, pero que se construye en el ahora, donde me doy cuenta que pertenezco y cobra sentido lo que soy.

Escrito por:

Claudia F. García Álvarez

Psicóloga y Psicoterapeuta Gestalt en proceso