Foto de Agustín Pimentel en Unsplash

No sé si en algún momento te ha pasado que, al expresar tu vulnerabilidad con alguien que tu crees tener la confianza para hacerlo y tu expectativa es recibir su escucha, comprensión y  contención, en lugar de eso eso la otra persona se aleja, minimiza lo que sientes, hace comentarios sarcásticos de aquello que le compartiste o simplemente "desaparece" emocionalmente, sintiendo la indiferencia como ese muro en el que te estrellaste. Esa sensación de vacío, donde tus palabras y sentimientos caen en un pozo sin fondo, no es solamente falta de comunicación; es una desconexión que anula tu experiencia en ese vínculo, pero…

¿Qué hay detrás de esa frialdad? Es importante entender que la indiferencia no siempre es adrede, simplemente son formas de adaptación que a muchos les tocó desarrollar para sobrevivir a entornos donde no supieron sostenerlos. Una forma de observar esta experiencia es desde los esquemas negativos de adaptación: un "blindaje" que alguien aprendió a ponerse hace mucho tiempo para sostenerse, cuidarse y que le funcionó.

Los esquemas: ¿Por qué nos volvemos indiferentes?

Muchos de nosotros crecimos en entornos donde mostrar dolor o necesidad era peligroso o inútil, pues estos no fueron lo suficientemente nutritivos para brindarnos eso que necesitábamos en su momento, ya que en la infancia y gran parte de nuestra adolescencia nuestros recursos emocionales son aprendidos de nuestros cuidadores, ellos nos muestran el mundo a través de sus lentes, por lo tanto, somos atravesados por lo que observamos y escuchamos de nosotros mismos y del otro -primera forma de construir nuestro  mundo interior-. De esta manera, vamos integrando a nuestro repertorio experiencias vividas e interpretaciones que van creando esquemas adaptativos o desadaptativos como la Inhibición Emocional (la creencia de que hay que reprimir los sentimientos para no ser juzgado) o el Aislamiento Social (sentir que no pertenecemos y que, por tanto, no le debemos nada al otro), por nombrar algunos pero son 10 esquemas. 

Cuando alguien actúa desde la indiferencia, suele estar en modo "supervivencia":

  • Cree que si se hace cargo de tu dolor, será invadido.
  • Teme que reconocer su impacto lo convierta en una "mala persona" (esquema de Defectuosidad).
  • Simplemente se desconecta para no sentir una ansiedad que no sabe manejar.

El problema es que, aunque ese esquema lo protege a él, a ti te deja con una sensación de  abandono. Y aquí es donde entra la medicina: la responsabilidad emocional.

La Responsabilidad como Acto de Valentía 

La responsabilidad emocional no es cargar con la emoción del otro ni culparse de todo lo que pasa allí, pues hay muchas cosas en el medio que necesitan ser observadas y entendidas. Es tener la madurez de decir: "Veo que mis acciones causaron algo en ti, y aquí estoy para sostener esta conversación contigo, aún sabiendo que  para ambos es incómodo".

Para llegar a eso, se requiere abrir espacio para la atención consciente -permitirse darse cuenta de qué pasa piel adentro, tus emociones, sensaciones corporales y voz interna- para reconocer a qué le estoy huyendo, qué dolor estoy evitando o qué experiencia pasada no quiero repetir. Descubrir tu experiencia y el mecanismo de activación rápida y automática que domina, es el primer paso hacia la valentía para romper con el esquema que aparece.  Como en este caso, la indiferencia podría enmascarar - Desconfianza/Abuso o de Abandono. Al ser responsables, nos contactamos con el otro desde un lugar más genuino y vulnerable para reconocer que: "Sus sentimientos son reales y te importan". Es transformar el "ese es tu problema" en un puente de encuentro. Es elegir el contacto vivo en el aquí y ahora, permitiendo que el vínculo sane en lugar de marchitarse con el frío que deja la indiferencia.


Ejercicio de Atención Consciente: "Espejo de mis mecanismos activadores" 

Para cerrar, te invito a realizar este breve ejercicio. No busques juzgarte, solo busca notar.

  • Cierra los ojos un momento y trae a tu mente una situación reciente donde alguien te hizo un reclamo emocional o te mostró su dolor.
  • Siente tu cuerpo: ¿Qué pasó en ese instante? ¿Sentiste un impulso de irte, de mirar el celular, de decir "ya vas a empezar" o de quedarte en silencio?
  • Ubica la sensación física: ¿Hay un nudo en el estómago? ¿Tensión en la mandíbula? ¿Una sensación de "anestesia" o vacío en el pecho?
  • Pregúntale a esa sensación: "¿De qué me estás protegiendo?".
    • Si sientes que te haces pequeño/a: Quizás es tu esquema de Defectuosidad temiendo ser "malo".
    • Si sientes que te pones una armadura: Quizás es tu Inhibición Emocional protegiéndote de la intensidad.
  • Activación de la compasión y ecuanimidad: Respira y afirma "Hoy estoy a salvo para sentir y para responder". Nota cómo cambia tu cuerpo al elegir, aunque sea un poquito, la apertura sobre la indiferencia

Para cerrar y a partir del ejercicio propuesto, me gustaría invitarte a reconocer tus elecciones, poner a la luz lo que has dejado en sombra para que puedas descubrir nuevos caminos y añadir nuevas respuestas a tu repertorio,  abriendote a la posibilidad de crear puentes en lugar de muros que te distancian del otro. 

Aceptar que somos responsables del impacto que nos generamos y le generamos al otro, no nos hace más pesados; nos hace más libres. La indiferencia es una lugar imaginario que nos mantiene a salvo, pero también nos mantiene solos. En cambio, la responsabilidad emocional contigo mismo y con el otro es la llave que abre la puerta al contacto real.

Sanar nuestros esquemas de adaptación no sucede de la noche a la mañana. Es un trabajo diario, de aprender a estar atentamente conscientes para notar cuándo queremos huir y elegir, en su lugar, quedarnos un segundo más. Al final del día, lo que construye una vida con sentido no es la ausencia de conflictos, sino la valentía de estar presentes para confrontarlos.


Escrito por:

Claudia F. García Álvarez

Psicóloga y Psicoterapeuta Gestalt.